- ¿Estás Ahí?

- Nov 1, 2019
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La muerte de mi madre cambió mi vida por completo, me dejó a la deriva. Por primera vez en mi vida, puedo decir que me sentí solo. La última vez que había visto su rostro fue antes de que la sepultaran. sentía la pesada necesidad de volver a verla, totalmente consciente que aquello era imposible, busqué respuestas más allá de la razón. Con mi mentalidad dañada y abierta de par en par, me dejé embaucar por chamanes, brujos, psíquicos y demás charlatanes con tal de volver a verla, fue entonces que me presentaron a José, éste tipo decía que podemos volver a ver a las personas cuándo han muerto, que en un ritual simbólico, uno podía invocar la energía de esa persona. El aspecto de José era el de un tipo normal, hablaba mucho del diablo, pero de una forma extraña, cómo si éste fuera un amigo suyo; y yo le creí. Invité a José a mi casa para que me ayudara con el ritual, sólo me pidió que consiguiera algo que Mamá usará mucho; José llegó a mi casa cerca de la media noche, cargaba una mochila con velas y figuras de barro que nunca había visto. Previamente había arreglado la habitación de mi madre para hacer el ritual ahí, en ese cuarto hay un espejo de cuerpo completo, dónde según José aparecería su imagen; colocamos las velas y las figuras de barro como si fueran para un altar frente al espejo, José dibujó con un labial de mi madre un símbolo en una esquina del espejo y me dio indicaciones, Empecé a sentir escalofríos cuándo José me dio las indicaciones y hasta ese momento se me ocurrió preguntarle si él lo había hecho antes, él se rió y me dijo,- no olvides no abrir los ojos hasta que ella hable; apagó la luz y salió de la habitación, cerré los ojos, mis rodillas temblaban, escalofríos corrían cómo ratas por mi espalda, brazos y piernas. – ¿Mamá?… No sucedía nada, comencé a pensar que José estaba robando cosas de mi casa, estuve a punto de abrir los ojos y acabar con el ”ritual” cuándo sentí la yema de los dedos de mi madre correr por mi espalda de hombro a hombro, mi sangre descendió, me quedé sin aliento,recordé las indicaciones. – ¿Mamá?… Pasó un rato y mi madre no contestó nada, pero podía escuchar una respiración en el cuarto, juro que alguien estaba ahí, a mi lado, sentí su cálida mano en mi hombro. – ¡Mamá¡ Rompí en lágrimas y la abracé con todas mis fuerzas, pero ella se quedó estática, su cuerpo estaba rígido, juraría que era mi madre, pero seguía sin decir nada, así que no podía abrir mis ojos. Ella levanto sus manos y me tomó de la cabeza, me acercó y dio un beso en la frente, las lágrimas me escurrían, moría por ver su rostro, hasta que al fin habló. – Yo no soy tu madre. Escuche al espejo quebrarse, mi sangre descendió, ¿abro los ojos ahora? pensé, pero no fui capaz, José no cree en mi historia, dice que no hay contacto físico, que me sugestioné, francamente no sé qué pasó, sólo sé que alguien aparte de mí estaba en la habitación conmigo, alguien me abrazó, pero estoy seguro que no era mi madre...
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